martes, octubre 13, 2009

Crónica



La comuna del olvido

La violencia ha sido protagonista desde siempre en la historia de Colombia y los niños como su blanco no intencional, sus principales víctimas.

Los habitantes de La Comuna 13 de Medellín ha sido victimas de numerosas olas de violencia, por parte del crimen organizado; paramilitares, pandillas, bandas, desatan diarios duelos a muerte donde los menos implicados son los más afectados, en aquel sector de la cuidad de la eterna primavera, solo se ven cuerpos agonizantes sobre el asfalto, solo se oyen explosiones de balas, granadas, gritos y llanto, solo huele pólvora y en los corazones de sus habitantes solo se escucha el clamor por un poco de piedad, tranquilidad, y paz.

Juliana Gómez era una niña para entonces de 10 años, de tez morena, ojos saltones y pícaros y de una serenidad y madures atípica en los niños.

El 12 de julio del año 2002 sus padres fueron asesinados en medio de una lucha de poderes dice juliana, no se sabe aun a manos de quien; si de la guerrilla o de los “buenos” el ejército.

Jesús Darío Gómez y Adriana Agudelo fueron víctimas de los falsos positivos, de esos que a pesar de la evidente descomposición de las fuerzas armadas de la nación solo en 2007 se empezó a mirar con preocupación y ha formar parte de los principales combates del actual presidente Álvaro Uribe Vélez.

Historia de la vida y la muerte.

Juliana como de costumbre salía de casa todos los días a las cinco y treinta de la mañana para ir estudiar, aquel día su maestra de escuela no llegó y decidió junto con dos amigos más, regresar a casa.

A casi treinta metros de su hogar se escucharon seis disparos, uno tras otro, unos más cerca del otro, juliana hasta ahora no conocía la realidad de su pueblo, de su gente, no diferenciaba a l igual que muchos, los buenos de los malos, además de los que decía la radio.

Juliana corrió a pasos de gigante y cuando llegó a esa casa llena de orificios y vidrios rotos que un día fue suya, hecho a llorar al ver el cuerpo tendido de su madre que yacía en la cocina inerte.

Juliana no creía que aquella realidad fuera ahora suya y con tanta serenidad como la que se siente después de una estampida, caminó en busca de su padre y en el rincón en el que alguna vez jugó con las hoyas de mamá, tendido sobre el suelo que era mas bien una mezcla poco homogénea de cal y cemento, vió a su padre yaciente, tan muerto, tan frió tan solo.

Ahora la luz del sol se filtraba por los orificios de su transformada casa y entre trastornada y curiosa salió a la ventana, la única que a pesar de ser traspasada por una de sus balas había logrado no derribarse, tal vez con la intensión de vislumbrar los verdugos de sus padres, o el día que le esperaba o quizá el hada madrina para que retrocediera el tiempo, y en aquel espectáculo tan desolador, solo se podían ver hombres con traje camuflado husmeando en la zona, y un hombre de mirada curiosa en frente, tratando de enfocar su rostro a través de la ventana,- yo sonreí un poco para que la fotografía no saliera mal, y de pronto aquellos hombre de traje verde irrumpieron en la casa, revisando bruscamente los cuerpos sin vida de mis padres, como si yo no estuviera ahí-.

-son los únicos rostros que recuerdo aquel día, que ignorándome registraron toda la casa en busca de muerte, no de vida, solo les interesaba el número de bajas, porque para ellos mis padres eran guerrilleros, como se lo hicieron saber al país, a sabiendas de que la realidad fue otra.

Hoy mis padres no son más que cifras impunes que supuran en la herida que deja la violencia, la guerra, la corrupción, la ambición y el poder.

Son siete años de batallar por la justicia, por la verdad, por la vida y por la muerte.


fotografía:

JESÚS ABAD COLORADO, 'Comuna 13, Medellín, Antioquia', 2002. Edición 5/5. Fotografía blanco y negro, Edición 5/5. Impresión de pigmentos de carbono sobre papel PH neutro de alta calidad, 19 5/8 x 29 1/8 inches (50,0 x 74,0 cm). Quinta Galería


sábado, octubre 10, 2009

Informe de lectura


Detenerse en el bosque: Humberto Eco

Escribiendo historias, el arte y oficio de narrar en el periodismo: Juan José hoyos

La diversidad del lenguaje periodístico y su relación con el literario, desde la construcción de los elementos que configuran un hecho, ya sea real o imaginario como: los personajes, la temporalidad, el narrador, la construcción de la trama o la locación en la sé que desarrolla la escena o la acción de dichos personajes, permite hacer indistintas relaciones entre la literatura y el periodismo.

En este análisis abordaremos el componente tiempo como uno de los elementos indispensables dentro de una historia. Así, podríamos hablar de la importancia de éste desde Juan José Hoyos. “todo relato bien contado […].está preñado de tiempo […]. Un tiempo que sirve para crear los límites en los que se realiza la acción […]. Podría decirse que se siente la realidad porque se siente el tiempo”[1].

De acuerdo con lo anterior una historia o narración requerirá de una construcción desde la temporalidad para adquirir una semejanza con la realidad. Si bien, el manejo de dicho factor puede ser indistintivo, éste necesariamente deberá estar inmerso en la construcción textual.

Hoyos, además, diferencia dentro de la narración la existencia de dos clases de tiempos: los tiempos vivos y los tiempos muertos. Estos, explicados desde el análisis que dicho autor realiza sobre un reportaje de Germán Castro Caycedo de su libro Karina. Reportaje en el que se cuenta el secuestro de un avión de carga en pleno vuelo por el M19 desde la Guajira hasta las selvas del Caquetá. Pueden ser interpretados como los encargados de acelerar o desacelerar la acción de los personajes y el desarrollo de la historia.

“Los tiempos vivos le han servido a Caycedo para contar los momentos en que la acción es más intensa: como el despegue, el sobrevuelo de los puntos más neurálgicos donde el avión puede ser detectado […] los tiempos muertos, a su vez, le han permitido plasmar el lento viaje del avión desde el desierto de la Guajira hasta los últimos picos del a cordillera oriental[2]”.

Por su parte, Humberto Eco al definir una obra narrativa como aquella que tiene la posibilidad de poner personajes en escena, para realizar acciones, aborda que dichas acciones pueden ser dilatadas “si tiene que pasar algo importante y apasionante, es menester cultivar el arte de la dilatación”[3].

Eco bajo el anterior planteamiento está haciendo referencia a los que Hoyos denomina “tiempos vivos, tiempos muertos”. Desde un análisis deductivo-interpretativo podríamos aproximar los tiempos muertos a esa acción de dilatación en la que le lector disminuye su velocidad de lectura y la relación lector, escritor es menos coyuntural y trascendente.

Adicionalmente Humberto Eco plantea la existencia del tiempo en la narración en tres veces, tiempo de fabula, tiempo de discurso y tiempo de la lectura.

Eco define dichos tiempos como los constitutores de relato. El primero hace referencia a los largos periodos del tiempo que transcurre con inmediatez dentro de la historia. “si el texto dice ‘pasaron mil años, el tiempo de la fabula es de mil años. Pero en e l nivel de expresión lingüística […], el tiempo para escribir (y para leer) el enunciado es brevísimo"[4]. Eco para definir el tiempo del discurso recurre a lo que se denomina como escena, en ella el tiempo del discurso tanto como el de la fabula parecen tener la misma periodicidad. Así, el tiempo del discurso es “ el efecto de una estrategia textual en interrelación con la respuesta del lector al que impone un tiempo de lectura”[5], estando inmerso en dicho planteamiento el tiempo de lectura.

Hoyos, retoma el concepto de escena, referenciándolo como uno de los nuevos paradigmas que el oficio del periodismo impone para el siglo XXI. Paradigma porque propende recuperar las formas antiguas de narrar.

En la escena, el estilo literario se combina con el narrativo para crear en una unidad temporal y situacional en la que se realiza la acción de los personajes.

Esta nueva forma de narrar en el periodismo es analizada por Juan José Hoyos desde sus con figurantes y sus antecedentes. Es así como para llegar a definir el paradigma del periodismo del siglo XXI, él parte del análisis de los relatos primitivos, la prosa partidista, el estilo epistolar, el estilo informativo, la entrevista, el reportaje, los llamados “muck rakers” y el periodismo investigativo y el nuevo periodismo [6].

El análisis de Hoyos, reconfigura la relación Eco – Hoyos. Eco propone la interpretación del tiempo, o lo que llama “dilatación”[7] como un factor de diferenciación del texto literario. Los nuevos paradigmas de la comunicación propenden por acercar al lector al hecho real, a vivivirlo y reconstruirlo desde la subjetividad del periodista, pero desde la objetividad de éste, clarificando que la construcción de un hecho periodístico se diferencia de uno literario en el origen de los datos. “Escribir un relato no significa abusar de todas las libertades para trastocar la realidad al amaño de la imaginación. Si se cambia un solo dato en un reportaje o en una crónica, esto los convierte inmediatamente en literatura”[8] pero no desconociendo la acción de dilatar, en el texto periodístico.

Es más la relación literatura periodismo, en este orden de ideas, se hace más cercana al analizar escritores como Truman Capote y su obra A Sangre Fría. O al analizar el reportaje como género periodístico o la novela realista como género literario.

Retomando la teoría de Eco de la Dilatación y teniendo como referente el análisis hecho a los nuevos paradigmas del periodismo para el siglo XXI, podemos llegar discernir entre la importancia de extender el texto, de construirlo desde el análisis de las diferentes escenas y acciones que los personajes hacen y entre los cuatro procedimientos, que según Tom Wolfe, son básicos del nuevo periodismo. La escenificación, el registro realista de los diálogos, el empleo del punto de vista y la relación de gestos cotidianos, hábitos, modales etc. de los personajes[9]. Ambos conducen a la construcción de la historia desde una acción vivencial y una correlación de tiempo y acción.

Así podríamos retomar a Hoyos en función de Eco en el ejemplo mencionado anteriormente de Germán Castro Caycedo. El lector se ve obligado a disminuir el ritmo de la lectura en los “tiempos muertos” y a acelerarlo en los tiempos vivos, pues es en ellos donde éste interviene en la historia: DILATACIÓN. “Aristóteles ya había prescrito que, en la acción trágica, la catástrofe y la catarsis final debieran ser precedidas por largas peripecias”[10].

La función del tiempo y la construcción de la historia tanto en el campo literario como el periodístico proponen la HIPOTIPOSIS o descripción viva y eficaz de alguien o algo por medio del lenguaje. Como una herramienta configurarte de la historia y como aquello genera una relación intrínseca entre autor, narrador, personajes, y lector. Por tanto el manejo del tiempo en la historia tanto de ficción como periodística dirige al lector a experimentar, conocer y relacionarse. A hacer parte de la obra.




[1] HOYOS Juan José, Escribiendo Historias, el Arte y Oficio de Narrar en el Periodismo, Editorial Universidad de Antioquia, Medellín, 2003, pág. 277

[2] Ídem

[3] ECO. U. Seis pasos por las bisques narrativas. (.H.L.M Mayes, trad). España, Editorial Lumen, Pág. 60

[4] ECO. U. Seis pasos por las bisques narrativas. (.H.L.M Mayes, trad). España, Editorial Lumen, Pág.64

[5] [5] ECO. U. Seis pasos por las bisques narrativas. (.H.L.M Mayes, trad). España, Editorial Lumen, Pág.68

[6][6] HOYOS Juan José, Escribiendo Historias, el Arte y Oficio de Narrar en el Periodismo, Editorial Universidad de Antioquia, Medellín, 2003, Pág. 297 – 358

[7] ECO.U. Seis pasos por las bisques narrativas. (.H.L.M Mayes, trad). España, Editorial Lumen, Pág. 59-82

[8] HOYOS Juan José, Escribiendo Historias, el Arte y Oficio de Narrar en el Periodismo, Editorial Universidad de Antioquia, Medellín, 2003, Pág. 38

[9] HOYOS Juan José, Escribiendo Historias, el Arte y Oficio de Narrar en el Periodismo, Editorial Universidad de Antioquia, Medellín, 2003, Pág. 359, 360,361.

[10] ECO.U. Seis pasos por las bisques narrativas. (.H.L.M Mayes, trad). España, Editorial Lumen, Pág. 74

Lina María Zapata Vélez

Alejandra Saldarriaga Vargas

Natalí Chamorro Galeano

Libardo a Andrés Agudelo gallego

Milena Morales


lunes, octubre 05, 2009

portafolio

LA ESCRITURA Y LA VOZ EN LA NARRACIÓN LITERARIA

María Isabel Filinich

Los vastos argumentos que encierran el documento de Isabel se concentran en el papel del narrador dentro del texto y sus implicaciones con la tipología textual y sus personajes.

“El autor no se comunica por medio del lenguaje sino que comunica lenguaje” cumpliendo un papel mediatizador dentro de la obra, y haciendo mension de la fusión de tres términos, hombre-obra y autor

Existen tres tipos de autores: el explicito, el implícito y el ficcionario.

Explicito, cuando el autor interviene en la obra con su propio nombre, creando un universo de ficción donde reflexiona acerca de si mismo, y un ejemplo de ello, las dedicatorias, los prólogos, las notas al texto, los comentarios insertos en la obra que aluden a ésta como un mundo ficcional, en donde el autor o la figura de él en la obra, no es mas, que uno de los personajes creados para este mundo ficcional.

El autor en este tipo de textos reflexiona sobra su práctica y su hacer.

El autor implícito es el sujeto de la enunciación del discurso novelesco, transmite mensajes para la recta interpretación de la historia, adelanta metanarrativamente rasgos del discurso, hace comentarios sobre los personajes, da informaciones de tipo erudito y abiertamente teñidos de ideología[1].

Como dice boot, se ve inmerso en la obra al atribuirle por medio de la escritura un universo entero de situaciones, pensamientos, críticas y vivencias a los personajes. Es decir, el autor implícito es el que esta presente en la configuración personal de todo el texto y se evidencia en las elecciones estilísticas, el destino de los personajes, la disposición grafica, las disposiciones de género, en fin todo lo que de cuenta de las estrategias de composición de la obra.

Además, se caracteriza por destinar a otro su discurso y tener una voz ambivalente como personaje que vive los acontecimientos y a la ves como narrador en segunda persona que remite al narratario designándole al autor una función narrativa de narrador y narratario.

El autor friccionalizado se convierte en uno más de los personajes, y puede jugar el rol de narrador, narratario o personaje. La ficcionalización tiene la tarea de borrar las fronteras entre enunciación real o literaria, por tanto, no se debe confundir un personaje ficticio con el nombre del autor de la obra, con el autor implícito o explicito; teniendo en cuanta, que los comportamientos, diálogos y situaciones correspondan al mismo mundo de ficción creado por el autor.

Las tres manifestaciones pueden diferenciarse también, de acuerdo al tiempo verbal, teniendo en cuenta que el autor ficcionado solo puede hacerse presente en el espacio creado narrativo de su propia obra, además si el narrador explicito hace un comentario dentro de la obra fixionada rompería con el hilo al ser una voz intrusa.