sábado, septiembre 11, 2010

Nuevos y gustosos autores


Peter Bichsel (Lucerna, Suiza, en 1935)

Fue maestro de Primaria hasta 1968 y después se ha dedicado al periodismo, la narrativa y la pintura.

Su obra Kindergeschichten Historias para chicos, ha sido traducida a numerosas lenguas y ha recibido el Premio Nacional de Literatura Infantil Alemana. La obra de Peter Bichsel es una de las más curiosas y sorprendentes de la literatura alemana contemporánea, con un lenguaje y una sintaxis muy particulares, Bichsel, crea cuadros sugerentes y perfectos en los que personajes, escenarios y ambientes, bajo su aparente cotidianeidad y sencillez extrema, proyectan en el espectador una inesperada y sorprendente complejidad. Sus obras, relatos de títulos sugerentes, son instantáneas de la vida diaria y cotidiana, se extraen de esa misma realidad, sólo que el punto de vista de Bichsel se hace poliédrico y especulativo en las emociones.

Una mesa es una mesa

Este cuento es muy interesante y profundo, se los recomiendo, lo que ven a continuación no es el final, es solo mi final para el cuento, pero no me critiquen, tenia muchas cosas en la cabeza para entonces.

-Al hombre siguiente el pie se levantó del cuadro, se sentó en el despertador y se posó sobre la alfombra pensativo y entonces se dijo: “que sentido tiene, después de unos días la monotonía volverá porque las cosas que antes se llamaban cosas ahora son mozas, entonces que caso tiene”, de repente sintió que alguien tocó a la muchacha y despertó, no pudo mas que sonreír por la fuerza de sus sueños, de lo reflexivos y reales, así que salió de su capullo y se dirigió al osario a comer un poco.

Juan Manuel Roca (1946)

Escritor colombiano, poeta, crítico de arte y periodista que ha desarrollado múltiples actividades culturales. Su producción poética se acoge en un principio a los postulados del surrealismo, pero luego encuentra su tono y temas personales. Algunas de sus obras son Memoria del agua (1973), Luna de ciegos (Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia, 1976), Los ladrones nocturnos (1977), Cartas desde el sueño (1978), Fabulario real (1980), Ciudadanos de la noche (1989), Pavana con el diablo (1990), Monólogos (1994), Memoria de encuentros y La farmacia del ángel (1995). Su obra en prosa se reunió en 1994 bajo el título Prosa reunida. En colaboración con artistas colombianos ha publicado: Mester de caballería, con Augusto Rendón (1979), El pianista del país de las aguas, con Patricia Durán, Cartas desde el sueño, con Darío Villegas, Tríptico de Comala, con Antonio Samudio y Del lunario circense, con Fabián Rendón. Entre los muchos galardones que ha recibido figuran el Premio de la Cámara Colombiana del Libro (1992) y el Premio de Periodismo Simón Bolívar (1993). En 1997 publicó Antología de poesía amorosa y en 2001 la antología Los cinco entierros de Pessoa[1].

Diario de la noche

A la hora en que el sueño se desliza
Como un ladrón por senderos de fieltro
Los poetas beben aguas rumorosas
Mientras hablan de la oscuridad,
De la oscura edad que nos circunda.
A la hora en que el tren tizna la luna
Y el ángel del burdel se abandona a su suerte,
La orquesta toca un aire lastimero.
Una yegua del color de los espejos
Se hunde en la noche agitando su cola de cometa.
¿Qué invisible jinete la galopa?

José Luis Garcés González (Montería, Córdoba 1950)

Escritor y ensayista colombiano, miembro fundador del grupo literario El Túnel. Actualmente dirige la revista y el periódico del mismo nombre.

Garcés Gonzáles Ha publicado cuentos, poemas, crónicas, investigaciones literarias y estudios monográficos. Su obra literaria ha sido reconocida tanto en Colombia como en el exterior. Algunos de los galardones que ha recibido, son: Segundo premio Plaza y Janés, 1985, con Entre la Soledad y los Cuchillos; Primer premio de Novela Ciudad de Pereira, 1984, con Carmen ya Iniciada. Primer premio al Mejor Envío Extranjero, Concurso de Cuentos Javiera Carrera, Valparaíso, Chile, 1983. A finales de febrero de 2007 obtuvo el Premio Nacional de libro de cuento de la Universidad Industrial de Santander con el volumen “Aguacero contra los Árboles”, entre otros.

Su obra:

Oscuras cronologías (cuentos, 1980). La efímera inmortalidad de los espejos (cuentos, 1982). Los extraños traen mala suerte (novela, 1982). Entre la soledad y los cuchillos (novela, 1985). Balada del amor final (cuentos, 1986). La llanura obstinada (novela, 1988). Carmen ya iniciada (novela, 1988). Corazón plural (poemas, 1989). Fernández y las ferocidades del vino (cuentos, 1991). Cuerpos otra vez (textos poéticos, 1993). Zahusta (cuentos, 1995). El abuelo Bijao y otros cuentos de lao (cuentos infantiles, 1996, 2007). Crónicas para intentar una historia (crónicas, 1998). Los locos de Montería (investigación, 1999). Isaac (novela, 2000). El abuelo Bijao ha regresao (cuentos infantiles 2002, 2004). Literatura en el Sinú (investigación, dos tomos, 2000). Manuel Zapata Olivella, caminante de la literatura y de la historia (investigación, 2002). Cultura y Sinuanología (investigación, 2002). La vida (cuentos cortos, estampas, viñetas, 2004). Ese viejo vino oscuro (novela, 2005). Literatura en el Caribe colombiano. Señales de un proceso (investigación, 2007).

Tristana

(La de Buñuel)

No haré el elogio de tus pestañas, Tristana. Algo triste les ha dejado la vida. Bella miel disimulada: tus ojos. En ellos la inocencia del buen pecado. Orificios de pocos olores, rosa y sudor, calle y madrugada: tu nariz. Piel manzana. Piel mango. Manzana exacta. Mango preciso. Canoa de taberna: tu último labio. El labio de arriba, fruta triste música distante. Elevación de pura tierra, montaña prudente, grito para el diente: tus pómulos.

Orejas de perro fino, lóbulos de algodón sinuano y de mordisco, y un arete de esclava y de creyente. Pintura tibia, oro tímido, mar en surcos cayeron sobre tu cabeza y se derramaron hacia los hombros: el resto es trabajo del viento. Arrebato inverso. Venganza de hilos.

Tristana, mujer del daño, déjame beber, déjame lamer, déjame morder. Veneno, vino y carne. Luego, la muerte, el árbol que se inclina, la ansiosa espina cuya furia ablanda.

Julio 27 de 1993.


[1] www.encarta.msn.com Tomado de la Web el 12 de septiembre de 2010 a las 4:20 p.m.

viernes, septiembre 10, 2010

Más autores


Alverto Cepeda Samudio (30 de marzo de 1926 -12 de octubre de 1972)

Bachiller del Colegio Americano de Barranquilla, estudió periodismo primero en Ann Arbor y luego en la Universidad de Columbia, New York, Estados Unidos por espacio de dos años 1949 - 1951. A su regreso de Estados Unidos trabajó en la revista Crónica de Alfonso Fuenmayor. Fue director de los diarios El Nacional y Diario del Caribe de Barranquilla.

Cepeda Samudio fue autor de los libros de cuentos "Todos estábamos a la espera" (1954) y "Los Cuentos de Juana" (1972), y de la novela "La casa grande" (1962), además experimentó en el campo de la cinematografía con un cortometraje llamado, "La Langosta Azul" del cual fue el actor, guionista y productor. Posteriormente dirigió un documental sobre el carnaval de Barranquilla de 1961.

Este autor es caracterizado como un innovador de la narrativa contemporánea de Colombia. La coherencia, simplicidad y llanidad de sus relatos le imprimen un sello característico . Muchos críticos han tratado de establecer la influencia de Ernest Hemingway en las obras de Cepeda, sin embargo, como tal es una discusión aún por resolver, dado a los muchos elementos autóctonos que resaltan en sus escritos. El crítico Daniel Samper Pizano resalta en Cepeda un notable don creativo, supuestamente ataviado por las múltiples ocupaciones administrativas del escritor en sus años de labores.

Harold Kremer (Buga, 1955)

La creación de la Revista Ekuóreo fue para Harold Kremer el inicio de una intensa actividad literaria dedicada a la escritura e investigación del cuento como género. En 1980, junto a su compañero, Guillermo Bustamante publicó Ekuóreo, revista dedicada al minicuento latinoamericano; de manera inesperada el proyecto se convirtió en la publicación más seria y completa de la microficción en Colombia. Lo que en apariencia era una revista universitaria más, trascendió hasta ser una fuente de consulta obligatoria para quienes deseaban conocer sobre el tema. Esto marcaría profundamente el trasegar literario del bugueño, que a pesar de tener una pasión desde niño por reescribir su historia, tuvo que trabajar algún tiempo para culminar su primer relato, La noche más larga.

El minicuento colombiano encuentra en Harold Kremer -sin temor a equivocarnos- a su mayor exponente; no sólo por su manejo en las técnicas narrativas, elemento que constituye una de sus grandes obsesiones y experticia, también por lo polifacético de sus temáticas: lo urbano, lo fantástico, lo onírico, la guerra y una intensa exploración por las pasiones humanas. El minicuento es el campo de trabajo por excelencia donde sus herramientas fundamentales son la precisión y la economía del lenguaje, esta fijación por las formas no limita su escritura, por el contrario su literatura es un rico resultado de un arduo trabajo con la palabra.

Harold Kremer ha publicado desde el 2004 cuatro libros de cuentos. Su carrera literaria ha sido premiada en diversas oportunidades con reconocimientos nacionales y también siendo compilado en diversas antologías de cuento. Sus relatos aparecen en importantes revistas culturales y su investigación es consultada por los estudiosos de la microficción. El escritor ha incursionado en la crónica dirigiendo varios talleres de escritura en las universidades ICESI y LIbre de los que han resultado tres libros donde Harold aparece como director y compilador.

La profusa obra de Harold es materia en constante construcción, las palabras toman un sentido a partir de esa precisión con la pluma, un cuento es una historia donde todas sus partes concatenadas perfectamente hacen que se mueva y funcione y esto lo maneja Kremer con maestría[1].

Nació en Medellín en 1956. Miembro del consejo de redacción de la revista Prometeo y del equipo organizador del Festival Internacional de Poesía de Medellín. Ha publicado los libros En la Ruta del Día (1989), La Tierra de la Sal y Reaprendizaje del Alfabeto (Premio nacional de poesía Fuego en las Palabras, en 1997). Ha sido incluido en las antologías Cinco poetas Jóvenes, Disidencia del Limbo, Conozcámonos Mejor (Brasil-Colombia), Postal de fin de siglo y Quién es Quién en la Poesía Colombiana.

dos poemas encantadores:

I

Puesto que se es un hombre
no se es grande.

Mas es haber venido aquí tan grande,
que haber creído ser un día
es haber sido.

Ahora hago en verdad esto o aquello,
mas no entiendo muy bien
por qué no soy un hombre que embetuna o hace fila,
quien ofrece cursos de ingles o enciclopedias,
algo así,
porqué no sería yo quien ora,
quien ahora muere,
quien intenta ser en esto
o en esto
o en aquello

Porqué sólo soy quien se pregunta,
quien se deshalla y se descentra,
sólo quien intenta no sabe muy bien qué.

Por qué soy al fin quien soy, si fuera.

Mas fue creer haber sido tan grande,
que sólo haberlo creído es haber sido.

II

Toda poética excluye e
intenta
construir su onanista paraíso.

Lo que mis ojos no vieron
lo vieron otros ojos.

Donde mi corazón no estuvo
otro se exaltó de dicha o de dolor.

Toda poética se ciega a sí misma,
despedaza su sextante,
a sí se siega.

De donde no extrajo nada
mi razón ofuscada por su obsesión de soles,
otro trajo su porción de luz.

Toda poética construye su casa
con ladrillos que también son míos.
Por qué entonces hacerla sin ventanas?

Lo que no alcancé a soñar otros lo soñaron,
y mi pasión no fue más alta ni más baja,
sino tan sólo mi pasión.

Toda poética es orín de perro,
límite,
miedo de ser lo que ya se era.

De donde no penetró mi ojo limitado otros trajeron su fulguración, su chispa.

Allí donde no pensara otros pensaron.
Un alguien que algo supo a mí me hizo saber.
Yo nunca miré solo. Yo nunca miré solo
Cuando tu muerte se te acerque
no veras sino

tu ojo,
tu ojo,
tu ojo.

Giovanni Quessep

Nació en San Onofre, Sucre, el 31 de diciembre 1939. Estudió filosofía y letras en la Universidad Javeriana, y en Italia se especializó en poesía del Renacimiento y Lectura Dantis. Profesor de literatura en la Universidad del Cauca, la cual le otorgó el título de Doctor Honoris Causa en filosofía y letras en 1992.

Entre los poetas no nadaístas de la década de los años sesenta, es considerado el autor de la obra más completa y conservadora, según el Manual de Literatura Colombiana de Editorial Planeta, en el cual se afirma:

En el oficio y en el virtuosismo radica el interés de la poesía de Quessep, en la destreza para manejar un lenguaje que durante siglos de ser utilizado literariamente ha adquirido una carga expresiva que le confiere la categoría de "poético". Las claves de su poesía son entonces las referencias librescas, las connotaciones literarias. Pero si, por ejemplo, Borges las utiliza en forma tal que trascienden el terreno de lo anecdótico para mostrar de manera descarnada los conflictos del hombre, Quessep no aterriza y su poema se queda en el terreno de lo literario.

En sus palabras -"Me alejo de todo estilo de época y de toda moda y no me interesa describir los objetos de la realidad más tangible. Creo que todo poema debe ser una metáfora del alma: metáfora de sus maravillas y de sus terrores, de sus cielos y de sus abismos, esto es, la transfiguración de la realidad, lo que no constituye el olvido de la misma, sino su afirmación más profunda. Aun el yo lírico es del reino de las fábulas".


Sus obras:

Después del paraíso (1961), El ser no es una fábula (1968), Duración y leyenda (1972), Canto del extranjero (1976), Libro del encantado (1978), Madrigales de vida y muerte (1978), Preludios (1980), Muerte de Merlín (1985), Un jardín y un desierto (1993), Antología poética (1993)

Una pequeña degustación de Giovanni Quessep:

MIENTRAS CAE EL OTOÑO

Nosotros esperamos

envueltos por las hojas doradas.

El mundo no acaba en el atardecer,

y solamente los sueños

tienen su límite en las cosas.

El tiempo nos conduce

por su laberinto de hojas en blanco

mientras cae el otoño

al patio de nuestra casa.

Envueltos por la niebla incesante

seguimos esperando:

La nostalgia es vivir sin recordar

de qué palabra fuimos inventados.

LECTURA

Algo hay en la casa y no sabemos

de dónde viene; hay duelo y hojas secas

y colores quemados, y hay un libro

que no podemos leer, nuestro tesoro.

Vendrá la hora de la luna y los duendes

y buscaremos el dibujo más bello.

Alguien dice que vamos a morir...

Y no saber si lo ha leído o lo ha soñado.

domingo, septiembre 05, 2010

EL" NADAÍSMO" Y SUS CONTEMPORÁNEOS

El Nadaismo, se constituyó en los años 60 en la más irreverente propuesta literaria contra el ambiente cultural establecido, la academia, la iglesia y la tradición colombiana, acorde con varios movimientos vanguardistas que se gestaban de forma paralela en América latina y el mundo.

En Medellín, una de las ciudades más tradicionales de Colombia, apareció en 1958, en la papelería y tipografía Amistad, un folleto de 42 páginas titulado Manifiesto Nadaísta, firmado por Gonzalo Arango (1931-1976). El diseño de los títulos era pueril y varias de las ideas perfectamente razonables. Pero a partir de allí un vasto movimiento de agitación intelectual iba a ocupar un papel preponderante en el panorama cultural colombiano.

"El Nadaísmo, en un concepto muy limitado, es una revolución en la forma y en el contenido del orden espiritual imperante en Colombia. Para la juventud es un estado esquizofrénico consciente entre los estados pasivos del espíritu y la cultura", anunciaba la primera página del texto, el cual procedía luego, aduciendo en su respaldo citas o menciones de Mallarmé y Sartre, Breton, Kierkegaard, Kafka, Gide y Spencer, a formular un vasto programa de subversión cultural (estético, social y religioso) que, apoyándose en la duda y en los elementos no racionales, y teniendo como armas principales la negación y la irreverencia, el desvertebramiento de la prosa y el inconformismo continuo, buscaba el cuestionamiento de una sociedad, la colombiana, en la cual "la mentira está convertida en orden"

Había, ciertamente, elementos de gran validez en esa formulación y una conciencia muy aguda de sus limitaciones: "La lucha será desigual considerando el poder concentrado de que disponen nuestros enemigos: la economía del país, las universidades, la religión, la prensa y demás vehículos de expresión del pensamiento. Y además, la deprimente ignorancia del pueblo colombiano y su reverente credulidad a los mitos que lo sumen en un lastimoso oscurantismo (...). Ante empresa de tan grandes proporciones, renunciamos a destruir el orden establecido. Somos impotentes. La aspiración fundamental del nadaísmo es desacreditar ese orden".

Esta generación "frustrada, indiferente y solitaria", como se autocalificaba, que coqueteaba con el suicidio y encontraba en La náusea de Sartre su Biblia, se proponía en consecuencia "no dejar una fe intacta, ni un ídolo en su sitio", mediante una actitud iconoclasta que se expresaría simultáneamente en dos campos: el literario y el vital. El primero gracias a la revista Nada, anunciado órgano del movimiento que sólo habría de volverse realidad doce años después con la aparición de Nadaísmo 70 (8 números entre 1970 y 1971), y lo segundo a través de un comportamiento humano abierto y en ocasiones desenfrenado que ya desde el primer momento buscaba mediante su vinculación con los jóvenes, una vasta irradiación.


Más valiosas en realidad resultaban las líneas finales del citado Manifiesto, en las cuales, preguntándose hasta dónde llegarían, respondía en forma premonitoria: "El fin no importa desde el punto de vista de la lucha. Porque no llegar es también el cumplimiento de un destino". Esta permanente indefinición es la que a lo largo de los años les ha permitido continuar en la brega.

Autores como Mario Rivero, Eduardo Gómez, Germán Espinosa, José Manuel Arango, Giovanni Quessep entre otros, marcharon cronológicamente con los nadaistas pero estética y literariamente mantuvieron su independencia e insularidad, tanto en sus vidas como en sus obras.

En cuanto a la poesía colombiana, los críticos acérrimos fueron precisamente los poetas que a comienzos de los años sesenta fundaron el último de los ismos, el nadaísmo, mezclando, como ya se ha dicho, elementos del surrealismo, el existencialismo francés y labeat generation norteamericana, de Henry Miller a Kerouac, con su reacción muy natural ante el estado de cosas de un país injusto socialmente, inestable políticamente y purgado de su anacronismo a través de un afán de modernización tan radical que dejó como saldo más de 200.000 muertos. Ante este panorama, que era a la vez tan convulsivo como estático, los nadaístas intentaron sacudir la modorra de ciudades provincianas, y no sólo a nivel intelectual, a pesar del vertiginoso crecimiento urbano que las alteraba por aquellos años. Pidieron por boca de uno de ellos, Eduardo Escobar, un "Regreso al rugido": "No podemos aceptar que la sociedad modele nuestra personalidad y queremos manifestar la deformidad del alma. Y no con palabras. La palabra está desgastada y vieja y podrida. ¡Abajo el pensamiento, todos estamos locos! Las palabras están perdidas en los cuadernos del poeta. Hay que bramar ahora, y que terminen los engaños"

Algunos poemas y poetas

LA SALVAJE ESPERANZA

Eramos dioses y nos volvieron esclavos.
Eramos hijos del Sol y nos consolaron con medallas de lata.
Eramos poetas y nos pusieron a recitar oraciones pordioseras.
Eramos felices y nos civilizaron.
Quién refrescará la memoria de la tribu.
Quién revivirá nuestros dioses.
Que la salvaje esperanza sea siempre tuya,
querida alma inamansable.

GONZALO ARANGO (1931-1976)

AMANECER

Mi soledad huele a húmeda sombra
La noche de las brujas se esconde en los tupidos bosques
Bajo las alfombras agonizan los gnomos
Mis brazos están todavía curvados por tu cuerpo.
Recomienza la vigilia y renace la muerte.

Alguien camina sin rumbo soñando con un pan
Anochece el día de las bombillas rojas en los sótanos
El crepúsculo perpetuo de las grandes fábricas se toma sonoro como un río
Un niño desnudo contempla los frutos del huerto
El día galopa como un caballo blanco
La luz implacable persigue tu recuerdo hasta aplastarlo
Contra los rascacielos deslumbrantes reclinados contra el cielo.

EDUARDO GOMEZ (1932- )


POEMA DE INVIERNO

Llovió toda mi infancia.
las mujeres altas de la familia
aleteaban entre los alambres
descolgando la ropa. Y achicando
hacia el patio el agua que oleaba a los cuartos.
Aparábamos las goteras del techo
colocando platones y bacinillas
que vaciábamos al sifón cuando desbordaban.
Andábamos descalzos remangados los pantalones,
los zapatos de todos amparados en la repisa.
Madre volaba con un plástico hacia la sala
para cubrir la enciclopedia.
Atravesaba los tejados la luz de los rayos.
A la sombra del palo de agua
colocaba mi abuela un cabo de vela
y sus rezos no dejaban que se apagara.
Se iba la luz toda la noche.
Tuve la dicha de un impermeable de hule
que me cosió mi padre
para poder ir a la escuela
sin mojar los cuadernos.
Acababa zapatos con solo ponérmelos.
Un día salió el sol,
ya mi padre había muerto.

JOTAMARIO ARBELAEZ (1940-)

XVIII

Ahora que las niñas se desvisten
con un secreto temor
y en el fuego bailan duendecillos azules

por las calles que tienen nombres de batallas
voy, solitario y vano

y pienso en la dulce saliva de la doncella
que en algún lecho madura y gime
y visita otro duro laberinto

como de una ahogada
veo su frente a través del agua
del sueño

de noche, en este parque donde tengo cuatro sombras
bajo el antiguo insomnio de las estatuas.


JOSE MANUEL ARANGO (1937-)

NOCHE SECRETA

Busqué a Dios con sinceridad y paciencia
en el directorio telefónico
y en aguas mansas
y en aguas turbias
y en las precipitaciones de agua
Lo busqué en la ausencia de los que amamos
y en los desperfectos de nuestras mansedumbres
Me fui tras El por pequeñas ciudades
y busqué su fotografía cada mañana en el periódico
Amé en la risa de la muchacha Su risa
y en la mirada de mi prójimo
Pero encontré la muerte en todas partes
(buscar es lo que importa)

EDUARDO ESCOBAR (1943 - ) (Nadaista)

HISTORIA PARA CONTAR A UN NIÑO BENGALÍ

El casco rojo del soldado
puso en la calle un sol de medianoche.
La ciudad por entonces ardía en los puñales
y el miedo se quedaba tras los pasos.
Nadie había: ni viento ni aires respirables.
La pólvora en pájaros recientes perforaba el cielo
y a lo largo hubo árboles que nunca fueron árboles
sino horcas con follajes. Y se
-lo dicen los despachos noticiosos-
que el hambre encumbra cuervos sobre aldeas
y que en los campos los perros arrastran,
del borde los caminos,
los cuerpos caídos en la huida.
Toda generación pierde su guerra
y hay que hacerse a la idea de que pronto
pasará lo que se teme,
ahora que nunca es extranjero un hombre muerto.

LUIS AGUILERA (1945- )

El Piedracielismo a través de Eduardo Carranza

El poeta colombiano Eduardo Carranza (1913-1985) puede servirnos de ejemplo para adentrarnos en lo que fue el piedracelismo y puede convenir leer primero el poema y luego enterarte de los pormenores del poeta.


Galope súbito


A veces cruza mi pecho dormido

una alada magnolia gimiendo,

con su aroma lascivo, una campana

tocando a fuego, a besos,

una soga llanera

que enlaza una cintura,

una roja invasión de hormigas blancas,

una venada oteando el paraíso

jadeante, alzado el cuello

hacia el éxtasis,

una falda de cámbulos,

un barco que da tumbos

por ebrio mar de noche y de cabellos

un suspiro, un pañuelo que delira

bordado con diez letras

y el laurel de la sangre,

un desbocado vendaval, un cielo

que ruge como un tigre,

el puñal de la estrella fugaz

que sólo dos desde un balcón han visto,

un sorbo delirante de vino besador,

una piedra de otro planeta silbando

como la leña verde cuando arde,

un penetrante río que busca locamente

su desenlace o desembocadura

donde nada la Bella Nadadora,

un raudal de manzana y roja miel,

el arañazo de la ortiga más dulce,

la sombra azul que baila en el mar de Ceilán,

tejiendo su delirio,

un clarín victorioso levantado hacia el alba,

la doble alondra del color del maíz

volando sobre un celeste infierno

y veo, dormido, un precipicio súbito

y volar o morir...


A veces cruza mi pecho dormido

una persona o viento,

un enjambre o relámpago,

un súbito galope:

es el amor que pasa en la grupa de un potro

y se hunde en el tiempo hacia el mar y la muerte.


Este “Galope súbito” parece aludir a un rapto amoroso, ya sea idílico o hecho realidad; la enumeración de imágenes quiere acercarse a describir esas sensaciones innombrables del amor, y de ahí el poema va aumentando su lirismo hasta concluir en una contemplación de la vida.


A Eduardo Carranza se le valora sobre todo por haber roto con el afrancesamiento de la poesía de su época, privilegiando un afán de renovación del lenguaje en nuestra lengua.


En los años treinta se agrupó con media docena de colegas jóvenes para publicar una antología que le roba el título a un libro de Juan Ramón Jiménez, Piedra y cielo, y que en su momento representó a cierta pujante poesía joven colombiana.


El piedracielismo habría sido, así, una propuesta de jóvenes de derechas que uno de ellos, hijo de terratenientes, financió para sus amigos, incluyendo a Eduardo Carranza. Y su poesía (la de Carranza) resultaría (entonces) amanerada, calcada de cierta poesía purista española del 27, frívola, a veces sentimentaloide.


Al mismo tiempo, la formación católica de Carranza le haría tender a un erotismo mojigato en el que la cara carnal, corporal, física del amor estaría velada con analogías etéreas.


Es claro que, como dicen, una golondrina no hace primavera, y del mismo modo un poema suelto no ilumina polémicas (ni poéticas).


Gonzalo Vélez

cibergrafía

http://lablaa.org/blaavirtual/literatura/hispo/hispo10a.htm

http://www2.cyberhumanitatis.uchile.cl/17/colombia5.html

http://es.shvoong.com/humanities/426082-el-nadaismo/

http://poemas-celebres.blogspot.com/2009/09/eduardo-carranza-y-el-piedracielismo.html